Hemos pedido a los músicos de Messina Park que nos dieran sus impresiones sobre lo que han vivido durante los quince primeros años de existencia de la banda. Esto es lo que nos han contado:

NENA GARRETA (voces y guitarra acústica desde 1998)

Hola a todos, ya ha salido “Escritura Automática”, nuestro nuevo trabajo. Ha sido un largo camino lleno de momentos mágicos y en ocasiones no tanto, pero al final el resultado está ahí, y cuando escuchas las canciones te olvidas de lo que ha costado darles forma.

Hace muchos años que formo parte de Messina Park, personas maravillosas, unidas por un objetivo común, que no es otro que mimar, dar apoyo y protección al trabajo de composición de Jose Gallardo. Cada uno sabe cual es su lugar, y todos dentro de nuestras posibilidades intentamos dar lo mejor para que este proyecto siga su camino y, después de ver los años que han pasado, todas esas canciones grabadas, todos los conciertos que hemos podido ofrecer, todo ese rodaje habla por si solo.

Es un proyecto musical, de eso no hay duda, pero respaldado por un valor único, que no es otro que el valor humano. Somos un grupo de personas que se apoyan, se respetan y que disfrutan tocando juntas. Sin olvidar a todos aquellos que han pasado por Messina Park, y que han dejado su impronta, su trabajo y su esfuerzo. Se lo agradezco de todo corazón.

Sólo espero poder celebrar los veinte, los treinta y a ser posible los cincuenta años con esta formación. Seguir ofreciendo lo mejor que hay en mi, al lado de este grupo de personas únicas, especiales y generosas.

A vosotros, los que nos escucháis, los que os acercáis a vernos en directo os doy las gracias, y os pido que sigáis disfrutando de las canciones, que las hagáis vuestras, que nos dejéis entrar en vuestra alma con cada trabajo. Porqué el que escucha música siente que su soledad desaparece, su incomprensión se vuelve comprendida, porque la música es expresión de libertad alimentada con amor.

Un abrazo.

JESÚS PERALTA (teclados desde 2012)

Después de llevar varios años alejado de escenarios y grupos, y tras algún intento fallido de formar una banda, un anuncio solicitando teclista me llevó a descubrir a Messina Park, un grupo hasta ahora desconocido para mí, a pesar de que llevan muchos años en la escena musical malagueña. En él he descubierto a una formación con las ideas muy claras, unos temas bien estructurados y una gente maravillosa que disfruta haciendo música, y me hacen disfrutar. Aunque mi entrada en el grupo es reciente, me siento bastante cómodo tocando con ellos, los temas que compone Jose me gustan y creo que hemos conectado bastante bien, creo que hay “feeling” entre nosotros. Espero que este proyecto siga su andadura por mucho tiempo.

DIEGO GÁMEZ (bajo desde 1997)

Hace quince años, ya subido al tren de la música, buscaba un destino. Un día, un compañero de viaje, el bateria Fernando Bonilla me invitó a hacer una parada a una estación desconocida, la cual se haría llamar Messina Park.

Allí estaba Jose Gallardo, el jefe de estación, ordenando sus ideas, fluyendo el tráfico de sus letras y acordes. Así tuve la suerte de encontrarme con el gran compositor, músico y amigo.

También la dulce voz de Maria José, mi fiel camarada dentro y gran amiga fuera de la banda. A mi Antonio Peña en la bateria, a mi Gonzalo Caffarena todoterreno, a mi tocayo Dieguin, “messino de honor” con su incondicional presencia, a Francis por estar siempre ahí colaborando, al bestial reencuentro en la bateria con Dani Manzano y a la profesionalidad de Jesús Peralta al teclado.

Gracias a todos por formar parte de esta familia que ha sido elegida y seguir compartiendo durante tantos años esta pasión que es el rock & roll.

Un recuerdo para la lista innumerable de buenos músicos que pasaron por la banda, y dejando huella, en lo personal como siempre, unos más que otros.

Messina Park es parte de mi vida, donde he ido creciendo como músico y persona, una banda que se toma el trabajo con seriedad y, sobre todo, con sinceridad, donde el ensayo es el chute semanal que necesitas, las canciones se miman, cada componente está en el lugar adecuado y al final, la recompensa  del directo. Todo un trabajo de equipo.

Tantos años han dado para mucho, 5 discos, actuaciones, ensayos, idas y venidas, ilusiones, frustaciones, zancadas y patadas, pero aquí seguimos un puñao de amigos haciendo lo que nos gusta y mientras el cuerpo aguante aquí seguiremos.

“Yo tengo el síndrome, me niego a desaparecer” … Recuerdo haber tocado esta canción unos años atrás, y este es el estado de mi presente.

Espero que mañana disfrutéis el directo con las mismas ganas que le pondremos nosotros.

DANIEL MANZANO (bateria desde 2012)

Último en llegar y de los últimos en plasmar en este boceto de vida musical mis impresiones, divagaciones, o simplemente mi firma como orgulloso integrante de Messina Park.

Hace unos dias Jose, nuestro lider espiritual dentro del local de ensayo, me comentaba la idea de que todos dieramos a conocer, a quienes nos siguen, nuestro punto de vista acerca de lo que significa para nosotros formar parte de este grupo. Esta genial, ayuda a conocernos más si cabe, y con ello podemos dibujar mentalmente nuestro papel dentro del conjunto. Pero, ¿qué es mas importante sino la vision de los que nos ven desde fuera?. Eso es lo realmente interesante. Por cierto, que mañana debutamos en directo, una muy buena ocasion para pedir opiniones y recibir críticas.

A lo que ibamos… Mi historia en Messina Park se remonta aproximadamente a unos 15 años atras… De hecho fue mi primera banda, mi primer escalón en este circo de sensaciones, mi primer contacto con una bateria y mi primera idea de lo que era un grupo. Por circunstancias varias el binomio no pudo continuar. “No casualidades” de esta vida, el destino quiso que nos volvieramos a encontrar el pasado verano. Ha sido, tras unos años de periplo por muchos escenarios, locales de ensayo y estudios de grabación, seguido de un parón, mi reencuentro con las baquetas. Desde que recibí la inesperada llamada de Jose, sentí que algo grande podíamos hacer. La audición fue magnífica y el comienzo, como casi siempre, nada fácil. Tras unos meses de contacto, buscando eso que llaman el “feeling” (yo lo llamaria “los pelos de punta”) creo que lo hemos encontrado, nos hemos encontrado en 10 metros cuadrados. Suena brutal dentro del local. Las letras atraviesan cortinas de humo y la música se cuela por debajo de la puerta como si quisiera salir y mostrarse ante nuestro público. No tardaremos mucho, ya sabeés que mañana estamos en “La Cripta”… ¡¡que ganas!!

No me quiero enrollar, mi fuerte no son las letras ni el contar historias.

Hay un gran trabajo detrás de Messina Park, unos tíos que se lo curran hasta lo imposible, y un lider que funciona a la perfección en este engranaje. Solo nos faltais vosotros, los que supongo siempre habéis estado aqui y los que se nos acercan para “oir” lo que hacemos. Mañana nos vemos en la presentación, disfrutamos un rato y nos ponemos a trabajar.

Besos para ellas y abrazos para ellos. O al reves…. es igual….

GONZALO CAFFARENA (bateria en 1997; voces y teclados desde 2011)

Para mí, en realidad, Messina Park y el autor de sus canciones, Jose, entraron en mi vida hace mucho tiempo, no sé si sería el Año del Señor de 1991 más o menos…

Resulta que mi hermano, músico y además músico mercenario allá dónde los hubiera, contactó con una formación que por aquella época tenía el florido nombre de “Rosalita”. Los recuerdos se diluyen y la exactitud de los hechos de aquel entonces ya se empiezan a difuminar en mi memoria. El caso es que mi hermano tocaba conmigo y con otros músicos de la escena musical malagueña y con todo aquél que se le cruzase en su camino, y que luego terminaron en distintas formaciones con los años, con mayor o menor repercusión.

El grupo en el que yo tocaba la batería y mi hermano el bajo se llamaba “El Templo de Osíris”

Si la memoria no me traiciona, con esta formación fuimos a participar en un concurso de “talentos” promovido por no sé qué o quién, de los que por aquellos entonces tanto se prodigaban. Pues bien, hicimos nuestra actuación en la que se incluía un tema que Jose todavía recuerda, y luego, subió al escenario “Rosalita”, no sé ya si detrás de nosotros o después de chorropecientos grupos que allí participaban. Yo miraba el escenario, más o menos atento a lo que allí se iba sucediendo, hasta que subió al escenario Jose con su formación: Él a la voz y la guitarra (una imitación coreana de Fender de color negro creo recordar), un jovencísimo Toni Martín Torrecillas a la guitarra, con maneras ya de buen músico y sonidos limpios y muy ordenados en su instrumento, cosa que evolucionaría muy gratamente para mí años después, en otras formaciones, a un sonido muy complejo. Salvador Villalobos a la bateria. Le conocíamos bastante, e incluso había tocado con mi cantante Javi en “El Templo de Osíris” antes de entrar yo como batería. “Salva”, con muy buen toque pero diluido en el mantenimiento de los ritmos. Al verle allí, a los tambores, tuve como una especie de primera y extraña premonición. Mi hermano y yo nos miramos. Le recuerdo apoyado en una de esas vallas amarillas que ponen para encauzar el ganado en los conciertos y eventos similares.

Y “Rosalita” comenzó su actuación. Del resto de componentes, si los había (supongo que habría un bajista al menos) no me acuerdo. Pero en un momento dado de la actuación, tocaron una canción. Yo estaba bastante distraido mirando algo del equipo de sonido y del técnico encargado de manejarlo y de repente… Era un estribillo, una simple canción de rock´n roll sin más pretensiones. “Y tocar, y tocar, y tocar solo en un bar” decía. Algo en principio nada grandilocuente ni épico, pero “algo” no sé bien qué ni aún hoy después de transcurrido tantos años, me hizo apartar mi vista del trasiego de la mesa de mezclas y fijarme en el escenario.

Entonces le ví. Vi a Jose como luego tantísimas otras veces he tenido ocasión de verle: la cara roja por el esfuerzo y el ímpetu, la canción en una subida progresiva de volumen, a la par que se iban repitiendo las frases del estribillo tan aparentemente inocuo y él, golpeando con el pie derecho el escenario con furia visigoda al ritmo de un bombo machacón y a ratos doblado sobre sí mismo, aporreando la guitarra con la cara casi del color del lirio. Algo que sólo había visto, (valgan las siempre odiosas comparaciones) en los paroxismos de Javier Ojeda en Danza Invisible que me ponían los pelos de punta.

Y eso me sucedió con este por aquél entonces neófito Jose Gallardo. Me dije: “Este hijoputa siente hasta las tripas eso que está cantando” Y supo transmitirlo. En toda la actuación fue la única vez que ví al público acompañar al grupo en escena tocando las palmas al compás de la canción.

Poco tiempo después mi hermano comenzó a tocar con Rosalita. No andaban muy contentos con el batería que tenían, así que mi hermano me animó a que quedaramos para tocar con ellos. Yo al principio no estaba muy convencido porque en aquella época mis gustos musicales iban por otros derroteros bien distintos al rock´n roll casi puro que había visto en aquella actuación. Pero mi hermano me animó diciendo que estaban haciendo temas nuevos y que me iban a gustar.

Así quedé con Jose, así conocí “Tierra de Nadie”“Puerta a la Realidad” (al más puro estilo rock´n roll, pero que me encantaba sobre todo por su acertada, simpática y bien hilvanada letra) y pasé a formar parte de lo que luego sería el gérmen de Messina Park: primero la formación “90 Grados”, de la que guardo y atesoro recuerdos llenos de emoción, tanto por todo lo que vivimos juntos como por las canciones que Jose iba componiendo, cada vez más elaboradas, a veces claras y duras como un escupitajo en plena cara, otras tristes hasta lo insufrible, otras tan crípticas que parecían contener un mensaje sólo revelado para el autor, como una especie de comunicación espiritual con algún ente de no sé sabe bien si del más allá o del más acá. Después de aquello, vino la formación “Rover DiLei”, de menos duración en el tiempo que la anterior banda, pero no por ello menos intensa, con canciones como “La Histérica”“Merry”“Mi Pobre y Desgarrado Corazón” y tantas otras, pero que marcó el principio del fin de la colaboración de varios músicos que habíamos permanecido estables en ella durante bastantes años. Sobre el año 1996 esta formación se disolvió.

Pero yo ya había probado el “veneno” de las letras y las canciones de Jose Gallardo.

Y me sentía como un yonki sin su dósis diaria de caballo o de lo que quiera que ahora se metan los yonkis. Así que seguí manteniendo la buena amistad que nos unía y que a día de hoy nos sigue uniendo pese a los avatares de la vida y, en un momento dado, ante el aluvión de nuevas canciones que prodigaba su prólija y exacerbada creatividad, opté por sugerirle que todo aquél material no podía quedarse en un cajón y le animé a crear la formación de lo que es hoy Messina Park.

Como veis, hay un hilo conductor en toda esta desmarañada historia: Las canciones y, sobre todo, sus letras. Por circunstancias que al caso no hacen ahora, en un momento determinado yo dejé Messina Park, que siguió ya su camino durante varios años sin mí. Pero me llegaban sus canciones, directa o indirectamente, y seguía teniendo todas aquellas otras canciones cuya letra, encajada en una música perfecta en ocasiones, y no tanto en otras, pero que casi siempre me emocionaban y que muchas veces parecían haber sido escritas para mí. Más de dos y tres veces he escrito sobre esas canciones o las he comentado con amigos comunes que seguían y aún hoy siguen el grupo y mi comentario es el mismo: “Es que parece que esta canción la haya escrito para mí y para este concreto momento vital de mi existencia” Era, aún sin saberlo desde el principio, una extraña conexión con la lírica de Jose y sus canciones.

Y en esas sigo, habiéndome incorporado de nuevo a la formación, aunque por una lesión seria en la espalda y otros problemas de salud, he pasado de ser batería (en el primer disco de Messina Park) a ser ahora “teclista reciclado”, y apoyando en las voces en lo que puedo, cosa que ya hice en las formaciones precedentes.

Pero todo era siempre y lo sigue siendo, esa vivencia, ese esperar cada nueva letra, a ver qué contaba, y a veces, aún me recuerdo en aquel local de ensayo colgado de lo alto de aquél inmenso caserón de Benajarafe desde dónde, a la vez que tocaba la batería, podía ver el mar y la niebla en las tardes de invierno invadiendo la antigua carretera nacional 340. Era una nueva canción y, de repente, me quedaba oyendo la letra mientras creaba un ritmo que iba surgiendo de mis manos y pies de modo extraño, casi automático, como si lo que salía de aquella voz pegada al viejo y oxidado micrófono Shure fuera una especie de conjuro, una salmodia que me envolvía y me transportaba a veces a mi interior, a veces fuera de él, a paisajes a veces frios ya vividos pero ahora vueltos a ver a aquella luz, o a extraños caminos prometidos u olvidados haciendome crear el ritmo más acorde a aquellas palabras mientras mi mirada se perdía en algún punto lejano del mar.

Música, palabras y vida. Supongo que a la postre, eso, y sólo eso, supone para mí mis vivencias y mi pertenencia a Messina Park.

“O eso quieren creer…”

Messina Park en 2012 (Foto: Gregorio Torres, cortesía de "La Opinión de Málaga")